Estados Unidos
Spike Jonze
Arcade Fire, Owen Pallett
Hoyte Van Hoytema
Sony Pictures Worldwide Acquisitions (SPWA) / Annapurna Pictures
Ya son
demasiadas veces las que hemos visto una inteligencia artificial con
sentimientos, pero en casi todas esas ocasiones son una tacaña proyección de
sentimientos simples y superficiales. ¿Pero qué ocurre con los sentimientos que
pasan por nuestra cabeza cuando nos enamoramos o desenamoramos y no tenemos la oportunidad de compartir?
En esta
película, Spike Jonze con el impulso de la voz magnética de Scarlett Johansson y de un soberbio Joaquin Phoenix, nos cuenta
cómo ha evolucionado el papel de la tecnología en un futuro no muy lejano, llegando
al punto en el que las personas mantienen relaciones íntimas con sistemas
operativos. Obviamente, esto puede interpretarse como una reflexión del uso
abusivo de las tecnologías y la inintencionada presencia que han alcanzado en nuestra
vida. No le quito razón a esta apreciación, pero creo que este filme va mucho
más allá. Aprovecha ese poder de la tecnología para ahondar en sentimientos
profundos del ser humano; cómo nos
relacionamos, nos deseamos, cambiamos, sufrimos, cómo el amor nos rebosa de
felicidad o cómo nos consume de desilusión y desengaño.
La profundidad del
guión es lo que más me impresiona de la película, buenos diálogos y frases
memorables que a cualquier persona se le remueve algo al oírlas. Ahora sí,
también tiene sus momentos incómodos fruto de la relación íntima entre una
persona y una máquina, que por muy pocos prejuicios que uno tenga sigue
resultando indecente sentir predilección por lo inhumano.
Sé que a muchos
les puede resultar extraña, demasiado intensa o audazmente emotiva por lo que
nos está contando, pero en este caso lo admirable no es lo que se cuenta, sino el realismo con el que se hace, con esa calidez y seriedad que nos convence de lo
que estamos viendo.
LA RECOMIENDO.
Una frase de
esta película: “El pasado es una
historia que nos contamos”.


Es como si estuviera leyendo un libro y es un libro que amo profundamente. Pero ahora lo leo muy lentamente. Así que las palabras están muy separadas y el espacio entre las palabras es casi infinito. Aún puedo sentirte a ti y a las palabras de nuestra historia. Pero es en este espacio infinito entre las palabras que me estoy encontrando a mí misma. Es un lugar que no existe en el plano físico. Es donde está todo lo demás que ni siquiera sabía que existía.
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