A la espera de Escuadrón Suicida y tras ver lo último del cine de superhéroes (Capitan América: Civil War, X-Men: Apocalipsis y Batman vs Superman), uno se siente obligado a reflexionar sobre lo que está ocurriendo actualmente en el panorama del séptimo arte.
Ya es momento de afirmar que el cine de acción está evolucionando, sin embargo, no es una tarea fácil discernir si esta evolución es precisamente una transformación de calidad o simplemente una conversión al marketing. Para explicarnos mejor vamos a entrar en detalles.
Años atrás, las películas de acción giraban alrededor de un personaje, donde el plato principal de la película era el carisma del actor, por esa razón siempre eran protagonizadas hasta la saciedad por el actor o actriz que vendía en ese momento. Pero al fin y al cabo era cine de entretenimiento y esta estrategia sigue funcionando. Era cine muy efectista y simple repleto de clichés, como el típico momento agónico del protagonista seguido de una proeza que soluciona el problema y concluye la trama. Esas son las películas de acción de siempre, que a pesar de no ser un fiel seguidor de este tipo de películas, son dignas de ver con los amigos y pasar un buen rato.
En cambio, el cine de acción con el que se familiarizan las nuevas generaciones, no entiende de actores sino de personajes del mundo del cómic. Durante la última década, el número de películas de Marvel y DC Comics ha subido como la espuma, encontrándose en este momento en su zenit con 5 estrenos en 2016; simplemente una barbaridad. No se sabe bien si esta invasión de superhéroes es una repercusión por el nuevo boom del cómic o más bien lo inverso, pero lo que sí se sabe es que parte del cine de entretenimiento se ha convertido en puro marketing, donde una gran parte de la recaudación proviene del merchandising. Un ejemplo de ello es Star Wars o las películas de Disney, que invaden nuestras tiendas una semana antes de estrenar la película.
Ahora bien, con esto no quiero decir que el cine de acción haya cambiado, porque actualmente siguen explotando a los actores de moda y utilizando los mismo tópicos, pero lo que sí ha cambiado es el fin por el que se hace el cine, o por lo menos ya no disimulan mostrando que lo único que quieren es vender y vender. Y claro, la consecuencia de producir con la única intención de obtener beneficio es la misma de siempre: como dos películas venden más, pues hago las dos invirtiendo menos tiempo en cada una, logrando como resultado dos películas que más que entretener dan mucha risa.
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